CAMBIAR MI VIDA, MI GRAN RETO III

¡Hola!

Como saben me gusta compartir con ustedes los testimonios de personas que ya han logrado esa tan anhelada meta de perder peso.

Pensando en esto hace un par de días recordé una visita que le hice a mi familia (vivo en una ciudad diferente) y quedé más que sorprendida cuando al encontrarme con uno de mis hermanos no ví al grandulón de casi 100 kilos, sino a un hombre alto, con una figura estilizada.  Realmente me sentí aliviada por lo que tengo claros todos los problemas de salud que implica la obesidad.  Le pregunté qué había hecho y me respondió “cerré la boca”… ese fue su secreto.

Así que pensé que el testimonio de mi hermano podría ser muy útil para ustedes, especialmente para aquéllos que siguen pensando que solo con una cirugía pueden cumplir su sueño.

Aquí les dejo su historia, y parodiando sus palabras, les diré que el reto de la semana es aprender a “cerrar la boca”.


¿Qué cómo bajé de peso? Tal vez de la forma más fácil-difícil que existe: ¡¡¡cerrando la boca!!!

Es la forma más fácil porque depende solo de uno, no hay dieta, médico, nutricionista, nada que lo obligue a uno, es un propósito de “yo con yo”, y por eso mismo puede ser la más difícil!!

Si se los planteo por escrito suena muy sencillo, simplemente hay que regular las raciones, taran!!! Sencillo, ¿no? ¿Me explico mejor? Pues jamás dejé de consumir ningún alimento, no dejé de comer harinas, no deje de comer grasas o dulces, no me “privé” de nada de lo que como usualmente, solamente realicé mentalmente que las cantidades que estaba comiendo eran demasiado grandes, así que tomé la decisión de irlas reduciendo paulatinamente, eso fue todo, fácil ¿no?

Pues decirlo, escribirlo y contarlo en este momento si es realmente fácil, sencillo, pero ponerlo en práctica, eso es otra cosa. El cuerpo y la mente siempre juegan en contra de la voluntad, es fácil querer hacerlo, pero un poco más complejo implementarlo, es una verdadera prueba de constancia y carácter, sobre todo porque, diferente a las dietas y otros métodos, los resultados se van viendo poco a poco, los cambios no se perciben a diario, sino que hay que esperar varias semanas para poder comenzar a sentirse orgulloso.

Sin embargo, las ventajas son muchas, no se “extraña” nada, ya que la alimentación sigue siendo prácticamente la misma, solo que en menor cantidad, eso hace que, en mi parecer, no haya un efecto del tipo “síndrome de abstinencia”; además tampoco se siente uno como un “bicho raro”, como les sucede a quienes siguen dietas rigurosas, que en eventos sociales, mientras todos comen normalmente, están sometidos a pedir “solo lechuga”.

Como resultado de haber podido dominar mi cuerpo y mi mente, a fuerza de voluntad, logré llegar a mi peso normal después de haber estado sobre los 95 kilos, estoy ahora entre los 79 y 80.

Posiblemente para algunas personas no será la gran cosa, pero para mí es una demostración de que no hace falta nada extraordinario para cuidar de nuestra salud.

Espero que este corto relato le sirva a alguien de inspiración para intentarlo, si es así, valió la pena contarlo.


Conoce más historias que te pueden inspirar el lograr el objetivo de perder peso:

Mónica Romero: cirugía bariátrica
Jimena Acuña: balón gástrico

 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Estoy de acuerdo mis papas siempre se han mantenido en su peso, porque !comen de todo pero poquito!, como dicen ellos, saludos!!!!

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